Los mass media: ¿Una amenaza?

Los medios masivos de comunicación tienen cada vez mayor poder, sin embargo no siempre son positivos. ¿Cómo utilizar inteligentemente la información que nos brindan?

Por María del Rosario G. Prieto Eibl


Los medios masivos de comunicación tienen cada vez mayor poder y tienen una influencia creciente en todos los ámbitos de nuestra vida. Estamos obligados a evitar lo que pueda dañar a la persona, a la familia y a la sociedad en su existencia, en su estabilidad, en su equilibrio y en su felicidad.

¿Qué son los Medios Masivos de Comunicación?


Hoy en día, los medios de comunicación constituyen una herramienta persuasiva que permite mantenernos en continua comunicación con los distintos sucesos sociales, económicos y políticos tanto a escala nacional como internacional. Las sociedades modernas se encuentran permanentemente en comunicación; en ellas, los medios tienen el poder de conectar las partes dispersas en el todo, desempeñando un papel importante en la promoción y formación cultural.

Los medios masivos de comunicación son un poderoso medio de socialización. Muchos afirman que, a la par de la familia, la escuela y el trabajo, modelan los sentimientos, las creencias, entrenan los sentidos, ayudan a formar la imaginación social; en síntesis, fomentan y facilitan ciertas construcciones mentales por donde transcurre luego el pensamiento de las personas en sociedad.

Si algo caracteriza al siglo XXI ha sido el desarrollo de la ‘cultura de masa' a través de los medios de comunicación, que han vivido una expansión enorme. Periódicos, radio, la televisión y ahora la ‘World Wide Web' o Internet se han convertido en los creadores de debates, de ideas compartidas, de cohesión social, de mitos y leyendas. Pueden además crear opiniones o actitudes entre personas, reforzar actitudes ya existentes o disminuirlas, convertir personas a un punto de vista opuesto al que mantenían, etc.

Sus alcances pueden ser un peligro real.

El avance tecnológico en el ámbito de las comunicaciones es innegable y aplaudible; sin embargo, los medios de comunicación social pueden engendrar cierta pasividad en los usuarios, haciendo de estos, consumidores poco vigilantes de mensajes o de espectáculos, por lo que los usuarios deben imponerse moderación y disciplina respecto a los mass media, y han de formarse una conciencia clara y recta para resistir más fácilmente a las influencias de los medios.

Los medios, por un lado, pueden contribuir a la formación de individuos más cultos, mejor informados y más libres, pero por el otro, pueden servir para la difusión de una cultura superficial, rutinaria y consumista; pueden ser utilizados para entender e ilustrar nuestros ocios, como también para alienarnos con falsos señuelos, falsos ídolos y falsas doctrinas.

”Los instrumentos de comunicación social inciden a menudo profundamente, tanto bajo el aspecto afectivo e intelectual como bajo el aspecto moral y religioso, en el ánimo de cuantos los usan”, especialmente si son jóvenes. Tales medios pueden ejercer un influjo benéfico en la vida y las costumbres de la familia y en la educación de los hijos, pero al mismo tiempo esconden también insidias y peligros no insignificantes, y podrían convertirse en vehículo – a veces hábil y sistemáticamente manipulado, como desgraciadamente acontece en diversos países del mundo- de ideologías disgregadoras y de visiones deformadas de la vida, de la familia, de la religión, de la moralidad, y que no respetan la verdadera dignidad y el destino del hombre.

Peligro tanto más real, cuanto “el modo de vivir, especialmente en las naciones más industrializadas, lleva muy a menudo a que las familias se descarguen de sus responsabilidades educativas, encontrando en la facilidad de evasión (representada en casa especialmente por la televisión y ciertas publicaciones) el modo de tener ocupados tiempo y actividad de los niños y muchachos” (Familiaris Consortio, No. 76)

Un ejemplo: La televisión, convertida en ‘niñera electrónica'.
Es triste pero es real, cada día son más los padres que emplean la televisión como una ‘niñera electrónica' en la mayoría de los países, especialmente en los más desarrollados. Por ejemplo, en México, un informe de la Asociación Mexicana de Estudios para la Defensa del Consumidor (Amedec) afirma que "desde hace más de tres décadas diversas organizaciones han señalado los efectos perniciosos de la televisión en niños y jóvenes adictos a ella", a pesar de lo cual cada día es mayor el número de menores que pasan "demasiado tiempo viendo TV".

Según sus estadísticas "muchos niños y jóvenes pasan entre cinco y ocho horas diarias frente a la televisión, o sea más de un tercio de su tiempo de vigilia, lo que obviamente los limita para tener posibles experiencias de la vida real y ha cancelado en gran medida la utilización del tiempo libre para el descubrimiento de nuevas habilidades".


Esta asociación advirtió que, a pesar de los peligros, "hoy son mayoría los padres que usan a la televisión como ‘niñera electrónica' y que creen que es una fuente de aprendizaje, olvidando que no está asociada a ninguna experiencia vivida, por lo que resulta un aprendizaje vacío, además de funcionar para los pequeños como un narcótico, una fuerza aparentemente tranquilizadora. No obstante se ha podido establecer que un joven de 16 años ha visto en la televisión 18 mil asesinatos, cada semana ve 670 homicidios, 15 secuestros, 420 tiroteos y un sinnúmero de situaciones violentas que lo llevan a ver la violencia como algo natural". Y esto no sólo es en México, es la realidad del mundo entero.

Como afirma Julia Borbolla en su libro ‘Profesión: mamá': “La violencia en las pantallas genera agresión y temor, sin embargo, lo más peligroso es que pueden también provocar desensibilización cuando las observamos con mucha frecuencia. Se espera, por ejemplo, que el “bueno” mate al malo' como consecuencia lógica dentro de la historia, justificando y encontrando ‘muy normal' privar de la vida a alguien”.

¿Qué hay que hacer?

Especialistas en el tema afirman que la alternativa es buscar una vida social rica, que sirva de límite natural para la cantidad de tiempo dedicado a la televisión y a otros medios como los juegos de video y el Internet.

“El deber es proteger especialmente a los niños y muchachos de las ‘agresiones' que sufren también por parte de los mass media, procurando que el uso de estos en familia sea regulado cuidadosamente. Con la misma diligencia la familia debería buscar para sus propios hijos también otras diversiones más sanas, más útiles y formativas física, moral y espiritualmente” para potenciar y valorizar el tiempo libre de los adolescentes y orientar sus energías.

Por otra parte, es preciso “educar la conciencia de los hijos para emitir juicios serenos y objetivos, que después la guíen en la elección y en el rechazo de los programas propuestos”. (Familiaris Consortio, No. 76)

Algunos tips muy sencillos son los que menciona respecto a este tema, Julia Borbolla de Niño de Rivera en su libro: ‘Profesión: mamá':

1. Detente a observar
-¿Qué modelos presentan los programas que ven tus hijos?
-¿Qué consecuencias presenta la conducta de esos modelos (reales, irreales, justas, a corto o a largo plazo)?
-¿Qué efectos pueden provocar las conductas de los personajes?
-¿Cómo se maneja la realidad y si hay una clara diferencia con la fantasía?

2. Acompaña a tus hijos todo el tiempo que puedas y conoce los programas de televisión, los juegos de video y los sitios de Internet que frecuentan para que puedas educar; es decir, discutir, comentar, ayudar a formar juicios y valores, para resolver sus dudas, reforzar los mensajes positivos y analizar juntos los que sean inadecuados. De esta manera utilizas la televisión y la computadora como recursos para formar a tus hijos.

3. Procura que vean programas y no ‘la televisión', que se busque un sitio específico y no ‘navegar en Internet' y dosifica el juego de video para cierto tiempo o una concesión especial.

4. Haz que tus hijos se ocupen en aprender algún deporte o habilidad artística, esto hará que se desarrollen mejor, además propiciará la sociabilidad.

Por último, es importante ser conscientes, no podemos dar la espalda a los avances tecnológicos de ninguna índole y menos a los de comunicación. Estos están presentes en todas partes todo el tiempo. Lo que debemos hacer es prepararnos y aprovecharlos para evitar que se aprovechen de nosotros y terminemos atrapados en las pantallas. No olvidemos nunca que estamos obligados a evitar todo lo que pueda dañar a la familia en su existencia, en su estabilidad, en su equilibrio y en su felicidad.

 

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